El brillante director de orquesta y pianista sastrense dio algunos detalles del homenaje a Julio Viera en sala de ópera. La gala será el 7 de abril y presentará las obras “Polifonías” y “Concertino para piano”.

   A solo días de su presentación por primera vez en el Teatro Colón de Buenos Aires, el talentoso director de Orquesta sastrense Federico Gariglio se tomó una pausa en medio de un ensayo y contó los detalles de lo que será su concierto homenaje a la trayectoria del gran compositor argentino Julio Viera.

   La noche de gala será el próximo viernes 7 de abril en el marco del ciclo Festivales Integrales del Centro de Experimentación de una de las cinco salas de Opera más importantes del mundo. Además, tiene en agenda una serie de conciertos que lo tendrá como protagonista en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Biblioteca Nacional.

   “Para aquellos que estamos en el ambiente musical hace ya unos cuantos años, todo lo que involucra la preparación de un concierto es algo común y cotidiano, pero entiendo que no lo sea para otras personas”, comenzó la charla.

“Cómo estás transitando estos días previos a tu llegada al emblemático Teatro Colón?

En este último tiempo, familiares y amigos me preguntaron con frecuencia si por el hecho mismo de tratarse del Teatro Colón sentía algo especial o diferente; y la respuesta era sí y no al mismo tiempo. Sí, porque es un teatro de renombre internacional, con una mística propia y al que -lo digo abiertamente- es realmente muy difícil acceder (y donde, por otro lado, hacerlo significa una consagración o una forma reconocimiento a la trayectoria). Y no, porque en lo que hace al armado del concierto propiamente dicho, es igual a todos los demás. Y es sobre esto último que quisiera detenerme un poco.

¿Cómo se prepara un concierto de estas dimensiones y características?

Un concierto se arma en etapas muy largas y distintas entre sí. En general, esas etapas siguen un orden que rara vez se puede alterar en su esencia. En este concierto en particular debo dirigir dos obras grandes, y con esto no me refiero a la cantidad de instrumentistas involucrados (que, de hecho, son pocos), sino al propio peso de su discurso musical. Al tratarse de un concierto monográfico, es decir, de un concierto homenaje que el Teatro Colón le realiza al prestigioso compositor argentino Julio Viera, el mismo está integrado en su totalidad por obras de su autoría; obras, vale aclarar, que el mismo Viera seleccionó y decidió incluir en el programa. Esto presupone, de entrada, establecer una relación muy estrecha con el compositor, por un lado, y con los intérpretes, por el otro. En estos casos, el director es el encargado en poner de común acuerdo a todas las partes involucradas, procurando obtener un resultado musical coherente e integrado en términos técnicos y estéticos.

¿Cuáles son las obras que van a interpretar?

En esta oportunidad, las dos obras en cuestión son muy distintas entre sí. Una de ellas, Polifonías, me es familiar, ya que la dirigí en otra oportunidad en la Biblioteca Nacional con el mismo grupo de músicos (Ensamble Bracelet); y si bien hace unos años ya de esto, hay cuestiones que no se olvidan jamás, con lo cual es una obra que conozco en profundidad. El Concertino para piano, la otra obra, es relativamente nueva, y es la primera vez que se escuchará en Argentina (tuvo su estreno el año pasado en Alemania). Esta obra en particular presenta un verdadero desafío. Por un lado, porque se trata de un género concierto, es decir, con un solista de piano frente a una orquesta (ambas partes de una dificultad técnica altísima, que demanda de todos una concentración sostenida en el tiempo absoluta); por otro, porque, como con toda obra que lleva un solista, el armado de la misma en los ensayos requiere más tiempo y precisión.

¿Qué tiene de particular la obra del Concertino para piano?

Cuando vi la partitura por primera vez (la recibí a fines de diciembre pasado) me sorprendí por la dificultad técnica de la misma, incluso llegué a pensar en la posible “imposibilidad” de llegar a tiempo. Pero tanto el pianista, Alejandro Labastía, como el resto de los integrantes del Ensamble Bracelet son músicos realmente fuera de serie, de un nivel y profesionalismo admirable. Afortunadamente, también, todos ellos son amigos y personas maravillosas, con lo cual el contexto de trabajo es ideal.

¿Cómo se trabaja en los ensayos para un concierto tan particular?

La primera etapa es, siempre, el estudio individual; por separado, todos estudiamos la partitura para resolver las dificultades técnicas más inmediatas. Naturalmente, cada instrumentista estudia su parte individual, y el director las estudia a todas. En una segunda instancia comenzamos con los ensayos por separado; me reúno con el pianista para escucharlo tocar su parte solista y así comenzar a intercambiar opiniones técnicas e interpretativas; en paralelo, comienzo a ensayar con la orquesta, en lo que es el acompañamiento. Una vez que, por separado, la obra está resulta, pasamos a la etapa final de montaje, donde ya puedo ensamblar al solista con la orquesta; y aquí es donde la verdadera obra comienza a tomar su forma final.

Por supuesto, nada de esto se ve en la instancia del concierto. De hecho, creo yo que, en el imaginario popular, la figura del director de orquesta es la de una persona de traje, un poco loca que, frente a unos cuantos músicos, agita brazos y manos de maneras incomprensibles. Puede haber algo de esto, lo cierto es que el trabajo serio y profundo comienza con bastante anticipación, y es muy ordenado y metódico.

Sin dudas que será un concierto muy especial para vos, ¿cómo te lo imaginás?

Creo que va a ser un lindo concierto, con obras nuevas, que proponen sonoridades modernas que ciertamente no se escuchan todos los días. ¿Especial? Y sí, porque es en el Teatro Colón; aunque, en el día a día de estudio y ensayos, es uno más, como tantos otros.

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