En una gala inolvidable, este domingo se presentó el “Ensamble Bracelet”, bajo la dirección del talentoso director sastrense. Fue su primera actuación en su ciudad natal.

   La sala “Monticello D’Alba” se vistió de gala este domingo para recibir al talentoso “Ensamble Bracelet” en un concierto de cámara exclusivo bajo la dirección del director de Orquesta, Federico Garilgio, en su regreso a su ciudad natal, y por primera vez dirigiendo en un escenario local después de 21 años.

   En una noche de lujo e inolvidable para la Sociedad Italiana que lució, colmada como pocas veces, el grupo de cámara vocal-instrumental presentó un repertorio con obras históricas del siglo XVIII recorriendo los grandes clásicos y la evolución de la música hasta principios del siglo XX.

   El público pudo deleitarse con autores como el contemporáneo Haydn pasando por Shostakovich, Debussy, Villa-Lobos, Viera y Mahler. El Ensamble Bracelet, que está festejando sus primeros diez años de su formación, cuenta con las interpretaciones de Johanna Pizani (canto), Elizabeth Magazian (flauta), Javier Mariani (clarinete), Elena Buchbinder (violín), Silvia Luna (violoncello) y Alejandro Labastía (piano).

   Luego de presentarse en abril pasado en el Teatro Colón de Buenos Aires y recientemente en el Teatro San Martín, el brillante director habló con InfoSastre luego del gran show. “Regresé a Sastre de una manera muy especial: por la música sin dudas, pero por mucho más también. Y este mucho más también, que me dio vueltas por la cabeza los días previos al concierto, se me fue develando en su plenitud una vez ahí”, confesó y reconoció que fue muy especial.

   El brillante maestro habló de las sensaciones previas al concierto. “Siendo sastrense, nunca sentí tan fuertemente como esta vez el sentido de la palabra regresar. Regresar es volver al lugar de donde alguna vez se partió. Y todos partimos alguna vez; somos hijos, nietos, bisnietos de quienes alguna vez lo hicieron; papás de quienes alguna vez lo harán”, expresó.

   Gariglio admitió que recorrer las instalaciones de Sociedad Italiana, le trajo recuerdos imborrables de su infancia, de aquellos lugares que había visitado de niño hace más de 30 años. “De niños, todos sabíamos y decíamos, con la mayor de las certezas, que en esos pasillos de la antigua sala del cine, había un fantasma. Haber visto, después de tantos años, ese lugar inmutable, en penumbras y silencioso como lo estaba en aquel entonces, me reencontró con mis propios fantasmas de la infancia, lindos, buenos y felices”, rememoró.

   “En algún momento de este pasado fin de semana, que jamás voy a olvidar, infinidad de recuerdos y vivencias se cruzaron de tal manera y tan rápidamente que sólo me queda ahora, el silencio. Ese silencio como algo esencialmente valioso y quizás sagrado, el silencio como la última opción en la que me es plenamente posible ser todos los tiempos al mismo tiempo, sin sentirme alienado o alejado, sino, por el contrario, profundamente agradecido y feliz”, finalizó.

                         

0
0
0
s2sdefault