Presentamos InfoPlus, la columna de opinión de José Miguel Galetto.

Por CPN. José Miguel Galetto
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“¿Qué diferencia hay entre la ESTUPIDEZ Y LA GENIALIDAD? La genialidad tiene límites. Sólo dos cosas son infinitas: la Estupidez y el Universo y de este último no estoy tan seguro” Respuesta célebre de un genio: ALBERT EINSTEN”.

El enfoque de mi amigo tiene que ver con la crisis argentina y una posible superación que depende mucho de la actitud ciudadana. Nos dice: “El sector empresario europeo colaboró en la recuperación de cada nación cuando ellas quedaron devastadas en ocasión de la 2ª Guerra Mundial (1939-1945). Tuvieron que montar nuevamente sus industrias, rehacer la mayoría de sus ciudades, poner en funcionamiento la producción, la comercialización y el complejo mecanismo del comercio exterior. El campesinado tuvo que volver a roturar sus campos y producir materias primas esenciales para el abastecimiento alimentario de la población. Todos colaboraron.  Aquí, el empresariado no sufrió la destrucción de sus activos; por eso no dudo de que la población recibiría con agrado si el empresario colaborara con la nación, frenando la espiral inflacionaria, especialmente en el rubro de los  productos de la canasta alimentaria”. A lo literal del borrador, pidió lo completara y agregó verbal:” y a los empresarios argentinos los veo muy inmaduros…” ¿Qué me sugiere? Buceando en el fondo del fragmento, encuentro una idea central: la diferencia entre la cultura europea y la del ineducado argentino. Aquí hay una desigualdad que llamo congénita y que desemboca en lo económico, pero que previamente tiene que ver con el “ser” argentino: según el antropólogo Grimson creerse los mejores, usar la “viveza criolla”, “decir por decir” sin saber cómo somos. Es un mito.

Entonces mal puede darse la “colaboración” a que alude Bonino, porque el empresario forma parte de una sociedad argentina reñida con la ética. No sólo pasa por la corrupción reciente, sino la enraizada  por la caída estrepitosa de la educación de mediados del siglo XX. ¿Cómo puede esperarse ese acto voluntario de quien no actúa en función de una economía cuyo eje debe ser el hombre? (la economía con “rostro humano” que pregona el académico Kliksberg – “Más ética más desarrollo”).Me permito citar a Alemania, que resurgió de las cenizas porque tuvo una renovación de particular “garra” humana que lo llevó a ser hoy una, sino la primera potencia mundial. ¿Por qué la educación argentina, la primera en el mundo de los años ´50, se mutó en una decadencia casi terminal? Pues porque no se ha refundado con valores, virtudes y fuerzas morales como las impulsadas por José Ingenieros, médico y escritor ítaloargentino (1925-2016) autor de ”El hombre mediocre”. Al recurrir a su obra cumbre,  estimo dar mi interpretación a la preocupación de Hilario: la cultura (o la incultura) que nos distingue: “El hombre mediocre, sólo puede definirse por su función social en la sociedad en que vive (…) Lo habitual no es el genio ni el idiota, no es el talento ni el imbécil .El hombre que nos rodea a millares, el que prospera y se reproduce en la tiniebla, es el mediocre”. Viene a mi memoria el “indiferente” y me parece que la inmadurez del empresario a que hace mención Bonino, puede mejor equipararse a la mediocridad y también a la avaricia: “La avaricia, como pasión envilecedora, iguala a la envidia (…) ese afán de perseguir lo que no gozará nunca, constituye la más siniestra de las miserias”.

En cuanto a la preocupación por el sector empresarial cito otra vez a Kliksberg (“Escándalos Éticos”-2011): ¿Cómo hacer RSE? (Responsabilidad Social Empresaria): repartir a la sociedad civil el plus de ganancias que le va a permitir: aumentar ventas, recibir inversiones y atraer a talentosos. El consumidor se involucra mucho más con las empresas que cumplen una función social. He quedado motivado y esto amerita una nueva nota, agradeciendo a Pablo Balassone la extensión del espacio.

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