Info-Plus, la columna de opinión de José Miguel Galetto.

 Por CPN. José Miguel Galetto
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El pueblo de Bs.Aires declara la guerra al despotismo y enarbola el 25 de mayo de 1810, el terrible pabellón de la venganza. El virrey Cisneros presencia con dolor los funerales de su autoridad”.

Bernardo de Monteagudo (citado por Felipe Pigna-su libro “1810”)

Si por revolución se puede entender “sedición, cambio violento en las instituciones políticas de un Estado”, podemos recrear en la cita lo que fue “fundar” las “Bases” (Juan B.Alberdi) de una república (lo que hoy queremos funcione por medio de los tres poderes en forma independiente, sin absolutismo alguno).

El 11 fue el día del HIMNO; el 19 el de la ESCARAPELA. Todo teñido en música-palabras y tela color celeste y blanco. (como la camiseta de la Selección de fútbol y la del Club A. Sastre). Símbolos deteriorados y casi olvidados en nuestros días. El Himno no se canta: se escucha (en la escuela; no así en el alboroto de las tribunas y por los propios protagonistas que se sacan la medalla cuando salen bicampeones!). La escarapela,  que nos explicaron en la escuela repartieron French y Berutti, sólo las llevan algunos en actos oficiales. Confieso que recurrí a leer algo para escribir sobre la fecha “feriado” y reencontrarme yo mismo con esos sentimientos opacados, a los que no les encuentro sentido valedero.

Para recordar que jugábamos con las figuritas que llevaban las esfinges de los patriotas. ¿El tiempo inexorable nos borró aquellos días cuando nos juntábamos en el obelisco? ¿Ese pasa-tiempo, también ha hecho mella en los actos escolares del calendario? Creo que los chicos de jardín y preprimaria siguen elaborando un sano orgullo, aunque tal vez no entiendan el significado histórico exacto cómo nos pasó a los ahora adultos mayores. Los juegos que enseña la “seño” quedan impregnados en las mentes infantiles. Hermosa etapa que luego se ha ido diluyendo como para refundar educación.

Al margen de los símbolos, hay que admitir que no recuperamos los valores que nos legaron los criollos y desde 1983 la democracia en la Argentina, no comparable al fervor expreso que se advierte en países vecinos. El libro de Pigna que repasé, es esclarificador para darnos cuenta de la vigencia que debiera tener el “sol” del 25. French: “¡A ver, que vengan esos negros, que se mezclen con el pueblo! También son nuestros hermanos Hijos de la Patria (…) no hay colores, ni ante Dios ni ante la Patria. Uno solo es el linaje de los hombres; la palabra negro no está escrita en el Evangelio…”   

No debería mezclar la mención del Bicentenario “K”, fastuoso acto del que quizás una mayoría quedó flechada. ¿Por qué? Porque hace 6 años no teníamos la medida de quienes lo organizaron, tal vez confundiendo los colores y los términos (Nación, Patria, Estado) que le dieron origen en 1810, en un recuerdo revolucionario sin armas pero aparatoso para reafirmarse en una política “orgullosa” con nombre y apellido que fuere aplaudido por la posteridad. En este 2016, la realidad muestra lo solapado de aquél bicentenario. Y quedaría descolocado, a no ser porque Pigna (ob.cit. pg. 380) reafirma mi intención: “…Había que ser sanamente locos para comenzar una patria nueva, ponerle pecho al mundo y darse permiso para soñar que en 200 años todo sería distinto”.

Mejor volver al pasado,  cuando Belgrano –abogado, economista y periodista- expresaba frases imperdibles: - ¿Qué otra cosa deben ser los gobernantes que los agentes de negocios de la sociedad, para arreglarlos y dirigirlos del modo que conforme al interés público?/ –Que no se oiga ya que los ricos devoran a los pobres y que la justicia es sólo para aquéllos/.- El modo de contener los delitos y fomentar las virtudes, es castigar al delincuente y proteger al inocente.- Me ennoblezco con la locura de creer…

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