Afecta a cualquier edad con un pico de incidencia en la infancia, adolescencia tardía y luego de los 65 años, sin diferencias entre sexos. Pese a que con un diagnóstico y un tratamiento certero el 70% de los pacientes deja de tener crisis, la enfermedad continúan en un laberinto de sobrediagnóstico, subdiagnóstico, y estigma.

   "Así como todos deberíamos saber Reanimación Cardiopulmonar (RCP), todos deberíamos saber qué es la epilepsia y cómo reaccionar ante una crisis, esa la única forma de romper el tabú y perder el temor que existe alrededor de esta enfermedad".

   Con estas palabras, el doctor Damián Consalvo, médico neurólogo a cargo del área de epilepsia en el Instituto de Neurología y Neurocirugía del Sanatorio de Los Arcos, ilustra la gran problemática de esta enfermedad, que afecta a cualquier edad con un pico de incidencia en la infancia, adolescencia tardía y luego de los 65 años, sin diferencias entre sexos.

   "La epilepsia es una patología crónica caracterizada por la presencia de crisis convulsivas recurrentes que puede comenzar en cualquier momento de la vida, pero con mayor frecuencia en la infancia y en la tercera edad. Sus causas pueden ser diversas, como lesiones cerebrales o, simplemente, predisposición genética", explicó Consalvo a Infobae y aclaró que es más frecuente de lo que se cree. 

   De acuerdo a estudios epidemiológicos realizados en países desarrollados, 5 a 10 de cada 1000 personas padecen epilepsia activa, lo que se denomina prevalencia de la enfermedad. La incidencia es lo que hace referencia en epidemiología a la aparición de nuevos casos en un período de tiempo y esto es del 40 al 70 por 100.000 habitantes. Además, se estima que un 10% de la población sufrirá alguna convulsión a lo largo de su vida.

Alteraciones elécricas

   Según describe el experto, "las crisis epilépticas son episodios de alteración de la actividad eléctrica del cerebro que se manifiestan clínicamente por alteración en la conciencia o por aparición de sintomatología motora, sensitiva o conductual".

   "En Argentina, uno de cada 100 personas padece epilepsia. La Epilepsia se define con la presencia de una o más crisis epilépticas y estudios neurofisiológicos (electroencefalograma) que indiquen la posibilidad de recurrencia de las mismas, afirmó a Infobae la doctora Luciana Caramuta, pediatra especialista en neurología infantil del Hospital Nacional Posadas.

   Las causas son múltiples y van desde la genética, hasta un ACV o una lesión cerebral por trauma. La mayoría de las convulsiones duran de 30 segundos a 2 minutos y no causan daños duraderos. Sin embargo, si las mismas acontecen por más de 5 minutos o si una persona tiene muchas convulsiones y no se despierta entre éstas, se trata de una urgencia médica.

   Consalvo, vicepresidente de la Liga Argentina Contra la Epilepsia, precisó que los síntomas varían de una persona a otra y el tipo de convulsión o crisis epiléptica depende de la parte del cerebro afectada. "Algunas personas pueden tener simples episodios de ausencias, mientras otras tienen pérdida del conocimiento y temblores violentos. De ahí la importancia del diagnóstico que es clínico y se basa en el interrogatorio.

   Para conocer las causas se investigan antecedentes familiares y personales y lo ocurrido antes, durante y después de la crisis. Además, el médico puede solicitar análisis de sangre y orina, un electroencefalograma (EEG) y estudios por imágenes del cerebro como resonancias o tomografías", sostuvo el especialista.

Qué hacer frente a una persona que padece un ataque

   "Frente a una persona que presenta una crisis epiléptica, se debe mantener la calma, proteger a la persona de cualquier lesión, colocar algo plano no duro debajo de su cabeza, colocar a la persona de lado y aflojar su ropa del cuello. Nunca se debe intentar inmovilizar a la persona, ni abrirle la boca ni introducirle nada dentro de su boca. No se debe realizar maniobras de reanimación (RCP)", señaló Caramuta.

La importancia de un diagnóstico certero

   La importancia de un diagnóstico de certeza radica en que, una vez establecido y comenzado el tratamiento con la medicación apropiada, alrededor del 70% de los pacientes deja de tener crisis. Esto hace que las personas puedan desarrollar sus actividades cotidianas en forma habitual, salvo algunas excepciones.

   Si bien en los últimos años ha mejorado el diagnóstico de la epilepsia, aún existe la problemática del subdiagnóstico y el sobrediagnóstico.

   "El subdiagnóstico se da comúnmente en muchos pacientes que padecen epilepsia sin embargo sus síntomas no son tratados como tales. Esto pasa, por ejemplo, en una forma de epilepsia que se llama 'mioclónica juvenil' y se presenta con sacudidas, principalmente al despertar. El o la joven pueden tener esas sacudidas y no darle importancia hasta que hace la convulsión generalizada. Esa convulsión representa la propagación de las pequeñas crisis que estaba teniendo a diario", dijo Consalvo y aclaró que también hay otros síntomas que los médicos pueden interpretar como trastornos psiquiátricos, por ejemplo los episodios de déjà vu pero que, de ser frecuentes, pueden significar presencia de enfermedad epiléptica.

   En cuanto a la problemática del sobrediagnóstico, muchos médicos suelen interpretar a los eventos atípicos como crisis de epilepsia. Esto sumado también al error en la interpretación de los exámenes complementarios, en especial del EEG.

   Sin embargo, no todo paciente que tiene una crisis o episodio de pérdida súbita del conocimiento padece epilepsia. Los diagnósticos diferenciales de todo evento paroxístico incluyen al síncope, la migraña, los accidentes cerebro-vasculares transitorios, movimientos anormales, alteraciones del sueño y desórdenes psicológicos/psiquiátricos que van desde los ataques de pánico hasta las crisis no epilépticas. En muchas ocasiones estos episodios son clínicamente indistinguibles de los ataques de epilepsia y requieren estudios especializados como el Video-Electroencefalografía (Video-EEG) para su diagnóstico.

Un tratamiento que dé en el blanco

   El tratamiento para la epilepsia es el farmacológico. Los medicamentos para prevenir las convulsiones, llamados antiepilépticos, tienen la capacidad de reducir el número de crisis futuras.

   "Controlan el 70-80% de las crisis, mientras que un 20-30% no responden (epilepsias refractarias), y requieren tratamientos combinados o puede ser necesario recurrir a otras terapias como cirugía, estimulación del nervio vago y/o dieta cetogénica, que es muy alta en grasas y baja en carbohidratos", puntualizó Caramuta.

   La especialista explicó que uno de los puntos que han mejorado dentro de Hospital Posadas, es el acceso al tratamiento ya que está vigente el PROPEPI, el Programa de Epilepsia de la provincia de Buenos Aires. A través de este sistema las personas con epilepsia que no tienen cobertura social ni recursos para acceder a los medicamentos, reciben de forma gratuita medicación de primera línea para controlar esta enfermedad crónica.

   "En situaciones particulares puede involucrar cirugía y, en algunos casos, una dieta especial. La cirugía para extirpar las células cerebrales anormales que causan las convulsiones puede ser útil para algunos pacientes. Se puede recomendar la cirugía para colocar un estimulador del nervio vago, el mismo es similar a un marcapasos cardíaco y puede ayudar a reducir el número de convulsiones", agregó Consalvo.

   Para el 30% de los pacientes que no dejan de padecer crisis aun estando medicados, en los últimos años se incorporaron nuevos métodos diagnósticos para tratar de encontrar el origen preciso de las crisis en el cerebro. En este sentido, se mejoraron los equipos de electroencefalografía (EEG) y la posibilidad de su visualización a través de la computadora, la incorporación de estudios de Video-EEG, es decir obtener el registro simultáneo de la clínica del paciente y de su actividad cerebral.

   Lo mismo ha ocurrido con el diagnóstico por imágenes, con una mejoría en los equipos de resonancia magnética, y la utilización de protocolos de estudios estandarizados para lograr detectar lesiones sutiles que permitan identificar, en forma precoz, a aquellos pacientes que puedan ser candidatos a una operación en caso de que la medicación falle.

   Algunos pacientes consultan por la posibilidad de tratarse con aceite de cannabis. Recientemente se aprobó una ley que solicita la investigación de sus efectos para distintas enfermedades como Parkinson y epilepsia refractaria, entre otras. Que se estudie es muy bueno porque la medicina no se basa en la experiencia, sino en la evidencia, es por eso que los estudios son los que otorgan eficacia y seguridad. Las etapas de experimentación son pasos que hay que dar y no se pueden saltear.

   En Estados Unidos se está estudiando el efecto del aceite de cannabis en chicos con síndromes epilépticos especiales como la encefalopatía de Dravet. Aún no se han comprobado fehacientemente sus efectos.

Fuente: InfoBae

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